Por: Ricardo Ojeda Salazar
El drama venezolano ha dejado de ser una simple crisis política para convertirse en un expediente de dimensiones criminales. No se trata solo de mala administración; hablamos de una estructura donde el egoísmo y la miseria humana han institucionalizado el saqueo. Al analizar la situación actual, es imperativo profundizar en la naturaleza de los actores en juego y en la reserva moral que aún resiste.
El Carácter Criminal y la Geopolítica de Intereses
La realidad es cruda: nos enfrentamos a una corporación criminal que utiliza la política como fachada. Pero en este tablero, la indignación no se limita solo a quienes detentan el poder interno. Es necesario cuestionar con firmeza el rol de los factores externos, incluidos los benefactores norteamericanos.
La historia nos ha enseñado que, tras la retórica de la libertad, a menudo se esconden agendas de conveniencia. Los intereses sobre el "Oro Negro" y las tierras raras parecen pesar más en las oficinas de Washington que el sufrimiento de un pueblo. Esa "bendición al revés", como la llamó Uslar Pietri, atrae a depredadores de todas las latitudes. La complicidad, por acción u omisión, de quienes dicen ser aliados pero juegan al cálculo económico mientras se ignoran las evidencias criminales, es una afrenta a nuestra soberanía y a la ética internacional.
María Corina Machado: Grandeza en la Adversidad
Frente a este lodazal de transacciones y sombras, emerge la figura de María Corina Machado. Su liderazgo no es fruto del azar, sino de una coherencia inquebrantable que la hace digna de reconocimientos de la talla de un Premio Nobel de la Paz.
Ella representa el contraste absoluto: la luz frente a la oscuridad. Su camino no es fácil; enfrenta al régimen, a los "colaboracionistas" y a la realpolitik de potencias que prefieren una estabilidad cómplice antes que una democracia real. Su grandeza reside en haber despertado la dignidad del ciudadano, recordándonos que la moral no es negociable.
El Umbral de la Verdad
Sin embargo, para que esta luz prevalezca, debemos entender que no hay atajos. Como he sostenido, la transición no puede ser una simple transacción de impunidad.
“Solamente cuando seamos capaces de decirnos la verdad y de mirarnos a los ojos, en ese momento, será posible hablar de perdón. Así tú no seas una víctima directa, todos somos víctimas indirectas; la sociedad necesita saber qué pasó. Es un proceso muy doloroso, y francamente no veo que se hayan hecho muchas cosas, porque si nos destapamos a decir la verdad, muchas ‘cumbres morales’ van a quedar prendidas en el camino”.
El Límite de la Impunidad
Como mencioné en "Transición o transacción", el juego de espejos continúa. Pero los perpetradores de esta desgracia —y sus aliados externos que miran hacia otro lado— olvidan que vigilados están. Las evidencias de los crímenes de lesa humanidad no desaparecen con un acuerdo bajo la mesa.
La conducta despiadada de los que tienen cuotas de poder tiene un límite infranqueable: la justicia del tiempo y el despertar de un pueblo que ya no acepta más "caras de tabla". Dios tiene otros planes. Y en esos planes, los que hoy se lucran con el dolor de Venezuela, simplemente no serán.
Atte. ROS. Un ciudadano del mundo como tú.



